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El error y su sobrevaloración en los procesos de aprendizaje

Por Óscar Fajardo

Desde hace unos cuantos años, cientos de libros de management, escuelas de negocio, conferencias, etc. afirman como un mantra continuo que el error es la mejor forma de aprendizaje. Y no sólo eso, sino que debe aceptarse como un paso necesario en el proceso de aprender.

Sin embargo, numerosas experiencias demuestran que el error no es una etapa indispensable en dicho proceso. Existen múltiples ocasiones en las que lo aprendido proviene de una buena práctica y de un éxito. De hecho, las empresas y personas más exitosas suelen cometer menos errores que el resto y, a pesar de ello, demuestran tener un capacidad mayor de aprendizaje.

Y, por contra, aquellos que cometen errores de forma continua persisten muchas veces en dicha falta, y no asimilan las experiencias positivas a extraer.

Además, aprender desde el error es menos eficiente que hacerlo desde el acierto, ya que desde el miedo y el fallo, la experiencia no es tan enriquecedora como tenerla desde lo positivo.

Esto no significa no aceptar el error, tolerarlo, comprenderlo y aprender de él. Es importante no ser injusto con uno mismo ni con los demás, no ser duro con la persona que comete el error y fomentar el aprendizaje siempre desde el prisma positivo. Pero elevar el error a condición indispensable del proceso de aprender puede convertirnos en menos exigentes y rebajar nuestro nivel. Lo ideal sería siempre aprender de lo que debemos hacer y no de lo que no debemos hacer, aunque evidentemente esto no siempre es posible.

¿Qué es lo que permite a las personas aprender de manera continua?

Fundamentalmente tres aspectos. De una parte, es una cuestión de actitud. Aquellas personas que disponen de humildad y de una actitud constante de aprendizaje, van a exprimir cualquier experiencia al máximo, bien sea la resultante de un error o de un acierto.

El siguiente aspecto es la ausencia de autocomplacencia. Aquellos que no poseen autocomplacencia convierten cada experiencia en una lección, siendo el éxito un acicate para seguir aprendiendo y mejorando, mucho más aún que el error.

Por último, las personas que aprenden eficazmente manifiestan tener un alto conocimiento de sí mismas, de sus fortalezas y debilidades, y han desarrollado su propia metodología para estructurar, mantener y renovar el conocimiento aprendido.

Se trata entonces de no considerar el error como condición necesaria para el aprendizaje o de creer que es el mejor estadio para realizar dicho aprendizaje. Es una oportunidad más para aprender, como cualquier otra, y no siempre la más deseable.

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