Los tres puntos cardinales del liderazgo

por Óscar Fajardo

En estos tiempos turbulentos y de incertidumbres en el mundo empresarial, valores como la solidez y la consistencia, así como la capacidad de orientar y guiar a las organizaciones se hacen cada vez más necesarios.

Y esa es una de las principales aportaciones de los verdaderos líderes exitosos de estos tiempos: personas que disponen de una clara visión de hacia dónde debe ir la compañía y que son capaces de movilizar a todas las personas hacia ese destino.

Para lograr esas capacidades, el líder debe apoyarse en una serie de puntos cardinales que son fundamentales para convertirse en esa guía y en ese motor de dinamización.

Todo líder comienza con el desarrollo de los tres puntos cardinales. Estos puntos cardinales son internos, de uno mismo y configuran el marco desde el que el líder va a comprender, interpretar, impulsar y comunicar el mundo y las situaciones que le rodean. Si la persona no ha hecho este ejercicio, nunca podrá ser un líder exitoso. Estos puntos son:

 

  • Tener una misión y objetivo vital: el líder debe reflexionar y autoexaminarse; mirarse en el espejo de forma sincera para saber descifrar qué es lo que quiere hacer con su vida, por qué está en este mundo y qué desea aportar. Esa misión y objetivo vital son los que después ayudan a desarrollar los valores y sirven de guía para saber cómo actuar en cada momento. La misión se convierte en una guía sólida a la que los demás sin darse cuenta quieren adherirse. Es un ejercicio complejo porque supone sincerarse con uno mismo y realizar renuncias que a veces son complicadas. Si uno no sabe por qué está en este mundo y qué razón profunda le mueve a hacer las cosas, nunca podrá ser líder (por ejemplo, un objetivo vital puede ser hacer más fácil la vida a las personas que me rodean, conseguir siempre que mejoren su bienestar, etc.)
  • Desarrollar un punto de vista diferente: una vez que sabemos por qué se está en este mundo y qué va a mover las acciones a emprender, hay que hacer un esfuerzo por tener un criterio propio y encontrar un punto de vista peculiar; una forma de ver la vida y las cosas que no es ni mejor ni peor que el resto, pero que es único e inconfundible. Para ello hace falta valentía y no tener miedo a aceptar esa forma de percibir el mundo. Este es el punto que realmente hace distintas a las personas y permite abrir nuevos caminos que otros no han transitado. Los grandes líderes se caracterizan por haber desarrollado una forma de ver la vida propia y original.
  • Forma de comunicar propia: una vez que existe un objetivo vital y una manera de ver la vida de forma distinta, es básico disponer de una capacidad diferenciada y propia de comunicarla. El lenguaje verbal, el gestual, el escrito, lo tiempos de comunicación,… Todo debe estar alineado con los dos primeros puntos y ser propio y diferenciado del resto. Este punto es el que moviliza a las personas y realmente hace efectivo ese liderazgo en potencia.

Los tres puntos cardinales son sencillos de enunciar pero no fáciles de implementar, y requieren una continua vigilancia y gestión para seguir cultivándolos, manteniéndolos o modificándolos si fuera necesario.

Sin embargo, sin ellos, no existirá un liderazgo sólido, consistente y movilizador que tan necesario es en nuestros días.

 

 

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