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El efecto multiplicador como elemento clave para la gestión empresarial

por Óscar Fajardo

Una de los objetivos fundamentales que deben encontrar las empresas para ser rentables y asegurar un crecimiento continuado es la repetitibilidad. Ese concepto supone que las compañías deben encontrar formas de trabajar, procesos, rutinas, etc. que sean replicables de forma rápida y que sean repetibles. La repetibilidad asegura siempre un estándar alto de resultado y una garantía en el mismo.

Para lograr ese repetitibilidad, es necesario conocer bien algunos ámbitos de dentro y fuera de la empresa para saber dónde es más rentable y eficaz invertir el esfuerzo a desplegar.

Es en esa búsqueda donde aparece un concepto típicamente macroeconómico como el del multiplicador, que nos puede ayudar a decidir dónde fijar nuestro foco. Así, deberíamos buscar la repetitibilidad en aquellas áreas y clientes que tuvieran un mayor efecto multiplicador.

El concepto de multiplicador económico y ámbitos donde medirlo

El multiplicador económico considera que cuando se produce una inversión, esa misma inversión no se agota en el monto del dinero invertido, sino que el agente económico donde se ha invertido genera dinero más allá de lo invertido con sus decisiones posteriores; y esto se mide comprobando, del total de inversión, qué deja para el ahorro (lo que se pierde de la inversión) y qué vuelve a invertir o a poner en circulación, que a su vez vuelve a multiplicarse, y así hasta que el multiplicador se hace cero.

Matemáticamente podríamos calcularlo con la fórmula: Aumento de la inversión autónomo x 1/1-PMC (propensión marginal al consumo).

Es importante resaltar que la aplicación que se propone en este artículo de este efecto no se reduce a la cuestión económica. Así, por ejemplo, cuando midamos el efecto multiplicador en el cliente, podríamos hablar de ese efecto en materia de recomendación a otros clientes. En la identidad corporativa, se puede medir el efecto multiplicador de una identidad corporativa que potencia una serie de atributos. Lo mismo puede ocurrir con la innovación, la calidad y otros muchos aspectos.

Aunque puede ser aplicable a cualquier ámbito, por lo menos hay una selección de perspectivas donde esta medición resulta básica:

-Mercado: las empresas deben aplicar esta fórmula para conocer si en ese mercado se produce este efecto o no y en qué cuantía. Los mercados más rentables tienen un alto efecto multiplicador.

-Clientes: fundamental también es comprobar en nuestros segmentos de clientes si este efecto tiene más o menos profusión. A la hora de medir el ciclo de vida del cliente, serán mucho más interesantes los que tengan un efecto multiplicador más alto.

-Competencia: los más peligrosos serán aquellos cuyo efecto multiplicador sea mayor. Un competidor con un alto efecto multiplicador es capaz de ser más ágil, más rápido y más rentable.

-Áreas de la organización: también debemos medir en las áreas internas de la organización cuáles son las que tienen un mayor índice en el efecto multiplicador del negocio para potenciarlas.

-Empleados: cada uno de los empleados dispone de su propio efecto multiplicador. El efecto multiplicador es una clave para medir su rendimiento.

-Procesos clave: no todos los procesos aportan el mismo valor a la organización ni generan el mismo efecto multiplicador. Son los que generan más efecto multiplicador los que debemos considerar clave y cuidar que se produzcan de manera eficaz y eficiente.

-Misión, visión, identidad y propuesta de valor: estos conceptos, que suelen estar comprendidos en el pensamiento y concepción más estratégica de la organización, deben estar concebidos para generar el mayor efecto multiplicador posible.

-Competencias clave: a la hora de potenciar las competencias y su desarrollo en la organización, es fundamental conocer cuáles de ellas producen un mayor efecto multiplicador que ayude a crecer al negocio.

Así pues, este efecto multiplicador que proviene de una concepción puramente económica, puede y debe ser empleado en el análisis del macro y microentorno para medir la eficacia y efectividad de nuestras inversiones y conseguir así mejorar el rendimiento global de la organización.

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