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El equilibrio ideal en la labor de los directivos

por Óscar Fajardo

 

El entorno turbulento en el que actualmente se tienen que desarrollar las iniciativas empresariales y las organizaciones hace que la gestión directiva se vuelva cada vez más compleja. El directivo debe adoptar una posición mucho más flexible y aceptar que las planificaciones anuales y las programaciones de su tiempo requieren una adaptación continua.

 

Donde antes existía un tiempo claro para poder planificar y otro para implementar, ahora se produce una conjunción de labores donde la planificación de iniciativas va en paralelo al desarrollo de otras y a las tareas de control y de revisión de la visión y la misión.

 

Esto provoca que muchos directivos no sean capaces de encontrar el equilibrio entre el día a día y el poder reservar tiempo para controlar lo que se está haciendo y para pensar en el futuro.

 

Las labores fundamentales del directivo

 

El directivo ideal debe ser capaz de manejar las siguientes tareas:

 

a)     Desarrollar el pensamiento estratégico: el directivo debe dedicar parte de su tiempo a desarrollar la estrategia y a reflexionar acerca del futuro y el camino que debe seguir la organización

b)     Planificar: es fundamental que una vez pensado el futuro y el camino a seguir, el directivo dedique un tiempo a la planificación ya que es decisivo decidir el qué hacer y el cómo hacerlo.

c)     Implementar: el directivo debe garantizar que las cosas ocurren, que se desarrolla lo esencial de lo planificado

d)     Control: el directivo debe dedicar un tiempo a controlar la marcha de las iniciativas para garantizar que se cumple lo planificado.

 

El equilibrio ideal

 

Consiste en alternar estas cuatro labores de forma dinámica y armónica a lo largo de todo el ejercicio anual. El directivo deberá reservar siempre un tiempo de su gestión a buscar un espacio tranquilo y alejado del día a día para poder pensar en el futuro y en la estrategia; también debe dedicar momentos para definir claramente el qué hacer y el cómo y el cuándo; y debe preocuparse por hacer que las cosas se implementen y ocurran, así como de controlar el estado de la situación. Esto implica aprender a gestionar muy bien el tiempo, aprender a delegar en el equipo-sobre todo las partes relacionadas con la implementación y el control- y desarrollar hábitos, métodos y mecanismos que permitan automatizar ciertas funciones del día a día que nos liberen de tiempo para acometer adecuadamente todas las tareas.

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