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Mindfulness. Práctica para la mejora del rendimiento

septiembre 25, 2011 Deja un comentario

por Óscar Fajardo

 

 

La evolución continua de las nuevas tecnologías ha provocado que el flujo de comunicaciones y de interacciones se multiplique de forma constante, y que la velocidad de respuesta y la necesidad de hacer tareas a la vez sea cada vez más común, lo que es conocido como “multitarea”.

 

Esta circunstancia se ha trasladado también al ámbito laboral, provocando de una manera soterrada en muchas ocasiones una perdida alarmante de productividad real. El trabajador se encuentra hoy en día con cientos de correos electrónicos, llamadas de teléfono, reuniones y otras muchas obligaciones diarias que debe de gestionar con habilidad y que en muchas ocasiones le llevan a, bajo una aparente actividad laboral desenfrenada, perder su foco y bajar su productividad.

 

La “trampa de la multitarea” es que impide la concentración ya que,  cuando cambiamos de forma constante nuestra labor diaria, vamos perdiendo nuestra capacidad de profundizar y dar soluciones de valor para los verdaderos problemas importantes.

 

Una situación continuada como la descrita hace que perdamos poder de priorización y de trabajo a medio plazo, y centremos nuestros esfuerzos en microtareas que van deformando el hábito de enfrentarnos a tareas de mayor envergadura de pensamiento.

 

Esto provoca que las potencialidades técnicas no sean suficientes para enfrentar la situación, lo que acaba provocando en los trabajadores situaciones de estrés no deseadas porque son conscientes de que van retrasando tareas a medio plazo por el corto plazo, pero a la vez se ven cada vez más incapaces de abordar dichas tareas por la pérdida de hábito.

 

Y esto  hace que la psicología como disciplina comience a tener un importante valor en el rendimiento del trabajador, así como otras prácticas provenientes de la filosofía. El conocimiento emocional y racional de uno mismo se convierte en fundamental para un desarrollo laboral sano y productivo.

 

Qué es el mindfulness

 

El mindfulness es un concepto proveniente de la filosofía y adoptado por la psicología que significa centrar cien por cien nuestra mente en el presente y en la tarea que en ese momento estamos haciendo. El ser humano tiende naturalmente a la dispersión y tiene dificultades para centrarse en una sola tarea poniendo pleno sentido en ella. El mindfulness precisamente propone que cuando hagamos un trabajo, volquemos la totalidad de nuestra capacidad mental sobre ella hasta que la hayamos finalizado.

 

La dispersión en la realización de la tarea nos hace perder gran cantidad de tiempo que podríamos emplear en otras cuestiones si tuviéramos una concentración total.

 

El mindfulness está intimamente relacionado con la gestión del tiempo y con un liderazgo eficaz y eficiente. El buen líder gestiona su tiempo priorizando las tareas más importantes conforme a una visión y objetivos que pretende lograr; una vez priorizados, acomete las tareas empleando el mindfulness, centrándose totalmente en lo que está haciendo en ese momento, y una vez que lo acaba, olvida esa tarea y pasa a otra.

 

 

Ventajas del mindfulness

 

Algunas de las ventajas del mindfullness son:

 

  • Aumento de la productividad
  • Disminución del estrés
  • Mejora de la relación con los equipos de trabajo
  • Automotivación
  • Autoconfianza
  • Sensación de control de la vida de uno mismo
  • Mayores cuotas de aprendizaje
  • Mayor capacidad de afrontar retos difíciles
  • Tolerancia a la complejidad y a la incertidumbre
  • Más liderazgo y mejora del trabajo en equipo
  • Aparición del pensamiento positivo

 

Su puesta en práctica requiere unas pautas y entrenamiento constante hasta conseguir el automatismo y se puede comenzar con pequeñas tareas habituales que hacemos de forma inconsciente. Es tomar consciencia de lo que estamos haciendo en ese momento, reflexionar sobre la tarea y centrarnos 100% en ella, olvidando cualquier otra cosa que pueda ocupar nuestra mente en ese momento.

 

 

 

 

 

 

Las tres V´s para un liderazgo exitoso

septiembre 11, 2011 Deja un comentario

por Óscar Fajardo

 

Muchos han sido a lo largo de los últimos años los estudios que han intentado encontrar características y competencias comunes en los líderes más exitosos para conseguir dar con una receta replicable que mejorara el estilo de liderazgo de los directivos.

 

Otros han manifestado la imposibilidad de encontrar un conjunto de características comunes y replicables para todas las personas en el desarrollo del liderazgo y afirman que, dependiendo de los momentos y las contingencias, existen distintas necesidades de liderazgo que requieren cualidades diferentes.

 

Lo cierto es que los líderes exitosos suelen compartir una serie de capacidades que impulsan esa actitud. El tenerlas no significa que se sea un líder exitoso, pero ninguno de ellos carece de ellas. Siempre va a existir un espacio personal e intransferible que hace que cada liderazgo sea distinto e irreplicable. Con esto quiero decir que no existe una fórmula mágica de cualidades que podamos desarrollar y que inmediatamente nos convierta en líderes.

 

Aun así, a lo largo de mi experiencia he visto que, de todas las capacidades que pueda tener una persona líder en distintas circunstancias, existen tres cuestiones que suelen darse en ellos y que los hacen diferentes de los demás.

 

Visión

 

Si entendemos que una de las partes del liderazgo se basa en lograr que el equipo desarrolle un alto grado de compromiso para acompañar al líder a conseguir un determinado objetivo fijado, resulta indudable que la persona que lidera debe poseer una visión que indique el destino al que se debe ir. Esto es la visión, el dónde queremos estar en un futuro. Casi todos los líderes han reflexionado acerca de lo que les gustaría ser y dónde quisieran estar en un futuro y, a partir de ahí, crean una brecha estratégica entre la situación deseada y la actual que deben cubrir con la ayuda de su equipo.

 

Valores

 

Todas las personas poseemos valores que guían nuestras vidas y nuestra actitud ante las cosas. Sin embargo, muy a menudo van quedando en el olvido y dejamos de vivir conforme a ellos. Los líderes saben cuáles son los valores que poseen y por los que les interesa trabajar y los sitúan como guía de sus acciones. Esto les proporciona rasgos como la seguridad, la coherencia y consistencia y la confianza que tan necesarios son para liderar exitosamente.

 

Valentía

 

El líder es la referencia de todo su equipo y eso supone tomar decisiones. Significa ser valiente para poner en marcha tu visión y mover a tu organización a lo largo de esa brecha estratégica para hacer realidad el objetivo marcado.

 

La valentía también supone ser firme en los valores y resistir ante las dificultades que provoca el vivir conforme a dichos valores.

 

Como he comentado anteriormente, el poseer estas tres características no va a garantizar que nos convirtamos en líderes y además, que tengamos éxito. Es, por lo tanto, una condición necesaria, pero no suficiente. Esto supone que en algún momento los directivos deben reflexionar acerca de estas tres capacidades y comprobar si están cultivando una visión retadora y atractiva, si están conocen los valores que le mueven a actuar y los está potenciando y si están siendo suficientemente valientes para vivir conforme a esa visión y valores.