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Los conceptos macroeconómicos de ventaja comparativa y ventaja absoluta aplicados a la dirección en la organización

por Óscar Fajardo

La complejidad existente en la actualidad en el macroentorno y el microentorno de las organizaciones lleva a requerir una dirección diametralmente diferente de la que se daba en tiempos donde los entornos no eran tan turbulentos.

La facilidad de acceso a la información de los consumidores, la confluencia de sectores y el rompimiento de fronteras, así como las constantes innovaciones tecnológicas provocan que sea casi imposible ser capaz de dominar todas y cada una de las variables que puedan afectar al negocio.

Esto hace que las personas con perfiles especialistas que solían promocionar a puestos directivos por realizar adecuadamente su trabajo, ahora ante esta masiva afluencia de inputs incontrolables a través de su perfil especialista vean cómo son incapaces de afrontar esta situación y llevan a sus equipos y a sus empresas a un rendimiento menor de los deseable y a problemas organizativos, de clima y de motivación de las personas.

Frente a la visión especialista, aparece ahora la necesidad de directivos con visiones holísticas, capaces de armonizar trabajos en red con otras organizaciones y de fomentar el diálogo y el trabajo en horizontal y diagonal a lo largo de toda la compañía.

Y es aquí donde tienen plena aplicación los conceptos de ventaja comparativa y absoluta que se manejan en la macroeconomía. La teoría en relación con estos conceptos recogía que los países tienen ventaja comparativa sobre otros cuando el coste de oportunidad de hacer algo es menor que el de otro país. Si dicho país se centra en esa ventaja comparativa, deja de hacer otras cosas para comerciar con eso que produce y posteriormente lo vende para comprar aquello en lo que no tiene ventaja. Esto permite dinamizar la economía. Así, un país que pudiera tener ventaja absoluta, es decir, que en teoría podría ser el mejor en todo, también tiene que centrarse en aquello que hace que tenga menor coste de oportunidad y así potenciar también el comercio y el intercambio. Este fenómeno no es más que el de la especialización, en centrarse en lo que mejor sabe hacer cada uno y el resto conseguirlo mediante la adquisición y el comercio. Al final, el resultado es el crecimiento económico y el desplazamiento de las fronteras de posibilidades de producción de estos países.

Si hacemos una analogía con las personas, veremos que ocurre exactamente igual. Las personas se especializan en lo que mejor saben hacer y así obtienen una mayor ganancia, tanto ellas como la empresa.

Así encontramos directivos que se caracterizaban por combinar el buen rendimiento pasado con un alto conocimiento especialista de su área, convirtiéndose en referente y base del rendimiento de la empresa gracias a esa ventaja comparativa.

Pero como hemos afirmado al comienzo, la especialización y la ventaja comparativa no son capaces de abordar en toda su dimensión desde el ámbito directivo la cantidad de variables que ahora afectan al entorno.

Es aquí donde vuelve a revalorizarse el concepto de ventaja absoluta. Para hacer frente a esa necesidad de tener una visión holística, se necesitan directivos que sean buenos en muchos campos, que sean muy completos, pero que no necesariamente tengan una ventaja comparativa ni sean especialistas.

Son directivos que no se especializan en un área en concreta, sino que están más interesados en saber un poco de todo para adquirir una visión sistémica y saber relacionar distintos insights que les lleven a tomar decisiones estratégicas que guíen luego al grupo de especialistas.

Cómo se llega a ser un directivo con ventaja absoluta

El recorrido que suele hacer un directivo con ventaja absoluta suele comenzar primero con puestos de especialista en un determinado área. Durante un cierto tiempo adquieren formación en dicho área y se convierten en buenos profesionales con altos conocimientos y con una importante ventaja comparativa.

El siguiente paso es que estas personas muestran en su desempeño especialista una visión que va un poco más allá y que de manera innata les lleva a interesarse por otras áreas adyacentes y a participar en proyectos interdisciplinares.

En su formación, poco a poco deciden ir saliéndose de su primera disciplina especialista para ir conociendo otros campos que le van cambiando su forma de ver la realidad y a fijarse menos en la especialidad y más en el funcionamiento sistémico de los acontecimientos.

La organización debe detectar estos perfiles e irles proporcionando estos retos holísticos para que su propia formación vaya acompañándose de experiencias laborales multidisciplinares, ya que estas personas son el vivero de futuros directivos que puede asegurar el futuro de la empresa.

 

Campos que debería cubrir en su formación un directivo con ventaja absoluta

Existen varios niveles que a lo largo de su carrera debe trabajar un directivo con ventaja absoluta:

1)     Conocimiento personal: inteligencia emocional, espiritual, física y psicológica. Se trata de conocerse a uno mismo desde el punto de vista tanto físico como desde el punto de vista de nuestras más íntimas motivaciones, objetivos vitales, forma de percibir la vida, actitudes, etc. Es la línea de salida que nos enfoca hacia dónde dirigiremos nuestros esfuerzos profesionales.

2)     Conocimiento del entorno: el directivo holístico con ventaja absoluta se preocupa por saber lo que pasa en su entorno desde el ámbito político, económico, social, cultural y tecnológico.

3)     Conocimiento estratégico: debe desarrollar también capacidades para enfocar su visión estratégica y tener conocimientos del comportamiento organizacional.

4)     Conocimiento funcional: aunque no es un especialista, un directivo con ventaja absoluta tiene una base importante de saber en las áreas funcionales y primarias de la empresa, como son Marketing y comercial, operaciones-logística, sistemas y tecnología, Recursos Humanos y Económico-financiero.

5)     Metaconocimiento: el directivo debe saber cómo gestionar los proyectos y los sistemas de información, así como liderar las actividades y procesos que mueven la empresa, así como la gestión del conocimiento, de la innovación, etc. A menudo las iniciativas fracasan precisamente en este punto.

6)     Habilidades directivas: por último, el directivo con ventaja absoluta debe mejorar sus técnicas de negociación, gestión de reuniones y entrevistas, comunicación y hablar en público, gestión del tiempo y de conflictos y crisis, etc.

Lógicamente, este proceso requiere renunciar a la seguridad que da el ser un especialista y atreverse a reconocer que no se va a destacar en un campo en especial, sino que seremos la autopista que permitirá que fluya adecuadamente el tráfico de especialistas internos y externos sobre los que se desarrolla la empresa.

Y, por supuesto, esta es una carrera a largo plazo de duro trabajo y de constante estudio, formación y práctica.

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