La gestión del reto. Las 4 zonas del ser humano

por Óscar Fajardo

El ser humano es una combinación de estática y dinámica. Por una parte, posee unas esencias y una necesidad de inmutabilidad que le empujan hacia el orden, la rutina y el seguir haciendo siempre lo mismo. Por otra parte, posee una parte dinámica que le lleva a buscar la novedad y lo desconocido.

En algunas personas pesará más lo estático; son aquellas que llamamos rutinarias y conservadoras, y en otras pesará más la parte dinámica; son aquellas que poseen menor aversión al riesgo.

Por otra parte, el entorno demanda unas determinadas actitudes y capacidades cambiantes. Así, mientras en la época industrial predominaban las necesidades de lo estático, con perfiles que supieran hacer muy bien una única función que les garantizaba un trabajo de por vida y una seguridad laboral, en esta época postmoderna, lo que se impone es el llamado pensamiento líquido, la capacidad de adaptarse a la continua incertidumbre y la necesidad de un cambio cuasi permanente. Esto hace que los perfiles más conservadores tengan que acometer cambios contra su voluntad porque no les queda más remedio, mientras que los perfiles más dinámicos encuentran ahora más facilidad para su desarrollo.

Definiendo el reto y las zonas del ser humano

Esta situación descrita supone un reto para el ser humano, sea del perfil que sea. La diferencia en estos tiempos estriba en que en la época industrial los retos eran menores y más próximos a la zona de confort y ahora los retos se alejan mucho de nuestra zona de confort habitual y surgen con más asiduidad.

Debemos entender el reto como aquella situación que invita al ser humano a moverse a una zona que no domina con seguridad y que le obliga a tomar un curso de acción determinado provocando un cambio de situación en la persona que lo afronta.

Esto supone que el reto nos desplaza de nuestra comodidad y seguridad hacia otro lugar desconocido. Además, ante el reto es obligatorio tomar una decisión. Incluso la inacción es una acción, ya que el hacer nada ante el reto provoca que nosotros ya no estamos en la misma situación que antes porque lo que nos rodea se ha movido y ya no ocupamos el mismo lugar. Esto nos lleva a la tercera parte, y es que queramos o no, los retos provocan cambios.

Todas las personas nos enfrentamos a retos, pero como hemos resaltado, los retos de la era postmoderna son más difusos, complejos y continuos.

El otro concepto básico que acompaña al reto es el de zona. Por zona entendemos el entorno que rodea a la persona y en el que se desarrolla. Aquí se incluyen nuestra familia, nuestro grupo de pertenencia, nuestro grupo de referencia y aspiracional, nuestras relaciones, nuestra formación, nuestro hogar, nuestro estado mental, nuestro hogar, nuestras pertenencias, etc.

El ser humano construye con sus experiencias y con sus conocimientos y relaciones, así como con sus percepciones y motivaciones, una zona donde habita habitualmente. Esa zona solo se ve alterada cuando aparece el reto. El reto abre nuevos cursos de acción que obligatoriamente van a provocar cambios en nuestra zona.

Tipos de retos

Retos internos: son los provocados por los propios seres humanos. El ser humano vive y examina su entorno y su situación personal, detecta una necesidad a resolver que le interesa acometer, se plantea un reto y toma cursos de acción para superarlos. Inmediatamente superado se genera una nueva zona de confort.

Retos externos: la diferencia con los internos es que son provocados por agentes externos al ser humano. Estos son los que generan una mayor cantidad de ansiedad y estrés, ya que al ser impuestos no han tenido la asimilación y reflexión necesarios para acometerse con valentía.

Guía para abordar los retos y tipos de zonas

Cuando se lideran equipos, si queremos tener personas productivas y motivadas debemos entender de qué tipos de seres humanos disponemos y cómo se comportan ante el reto.

Lo primero que hemos de hacer es analizar la situación y clasificar a cada uno de nuestros miembros del equipo en dinámicos o generadores de retos y estáticos o receptores de retos.

Lógicamente, los primeros serán rápidos en la respuesta al reto y aceptaran un nivel mayor de reto, mientras que los segundos tendrán dificultades en responder.

A los primeros se les puede generar un reto externo porque ya están preparados; a los segundos se les debe ayudar a que sean ellos los que comiencen a provocarse retos internos que les vayan otorgando confianza.

Abundando en esta estrategia, una vez identificados, debemos saber que en el ser humano podremos encontrar cuatro zonas donde solemos vivir:

-Zona de confort: es la zona en la que nos encontramos cómodos, está formada por rutinas y se compone de lo que solemos hacer todos los días que nos aporta la seguridad y el descanso mental.

-Zona de proximidad: es la zona en la que vivimos muy a menudo que se sale de nuestra rutina pero que es fácilmente manejable sin necesidad de disponer de recursos y capacidades nuevas.

-Zona de media distancia: aquí las personas que son más conservadoras ya no dominan la situación. Se encuentran con circunstancias puntuales y no regulares que les genera ansiedad e incertidumbre y ya se requiere unos recursos específicos.

-Zona de periferia: la más lejana. Es la referencia negativa de los conservadores; es como el abismo donde nunca les gustaría estar, porque requiere un cambio bastante importante en sus rutinas y lo que es más relevante, supone un cambio permanente de su zona de confort.

Conociendo estas zonas, debemos saber como directivos y líderes de equipos, que aquellos que son conservadores viven en la zona de confort y raramente salen de ella, por lo que si les planteamos un reto externo y que además les sitúa en zonas de media distancia o periferia, es casi seguro que se verán bloqueados y sin armas para enfocar la situación. A los conservadores debemos proporcionarles pequeños retos internos que les lleven de forma más habitual a la zona de proximidad, para poco a poco ir desplazando su zona de confort hasta poder estar más cerca de la zona de media distancia.

A los más dinámicos en cambio, podremos colocarles retos de media distancia o incluso de periferia si cuentan con experiencia y preparación, aunque siempre se debe hacer un trabajo de mentoring y acompañamiento, ya que a ninguna persona se le debe dejar sola ante ningún reto.

Así pues, si se quiere gestionar adecuadamente un equipo y tenerlo motivado, es importante manejar sus perfiles ante los retos y las distintas zonas en las que han de transitar.

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