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Los Mapas Estratégicos y el Balance Scorecard aplicados a la gestión personal. Una nueva vía para mejorar las competencias y el desempeño.

por Óscar Fajardo

Si analizamos con cierto detenimiento la marcha de las empresas del Fortune 500, el índice que recoge la marcha de las compañías más poderosas del mundo, observamos que aquellas que mantienen durante años un nivel de crecimiento sostenido son las que poseen una misión y una visión muy claras, con unas líneas estrategicas extraordinariamente definidas que permiten que todos sus empleados y grupos de interés conozcan lo que son y cómo se comportan.

Otras empresas, en cambio, desaparecen o sobreviven a duras penas en gran parte por ser empresas oportunistas, sin una clara hoja de ruta y sin unos objetivos estratégicos definidos que marquen su camino.

Curiosamente, vemos como casi todas las empresas triunfadoras están o han sido lideradas en su momento por personas especiales, diferentes, que han trasladado ese ADN único a sus compañías, haciéndolas destacar por encima del resto.

Hay un claro paralelismo entre la marcha de las empresas y las características y habilidades de sus personas fundadoras, impulsoras y directivas. Son aquellas personas que poseen una visión clara de lo que quieren ser, un sentido claro de por qué existen y unos objetivos vitales definidos las que son capaces de liderar con éxito.

Curiosamente, muchos directivos y personas no tienen esto en cuenta, preparan planes estratégicos detallados en sus compañías, pero no poseen un plan estratégico para su vida y para su desarrollo como personas.

Y estas prácticas están abocadas al fracaso. Las personas han de tener un objetivo vital claro y marcado (un sentido de su existencia), tienen que esforzarse además por poseer una visión diferente del mundo (una mirada distinta hacia todo) y deben cultivar una forma particular y personal de expresar esa visión.

Son dichas prácticas las que van a permitir saber situarnos en cada momento, tomar decisiones acertadas en todos los ámbitos personales y profesionales, y hacernos diferente del resto de personas.

Para poder enfocar la gestión personal, podemos aplicar técnicas que se han manifestado exitosas en el mundo del management empresarial tales como el mapa estratégico y el balance scorecard.

El Mapa Estratégico personal

El mapa estratégico es una herramienta extraordinariamente útil para marcar las hojas de ruta en las organizaciones, y también en la trayectoria vital de las personas.

Para cualquier proyecto, y nuestra vida es sin duda el más importante, es fundamental tener un dibujo claro de cuáles son los caminos que debemos tomar para optimizar nuestros recursos y nuestros esfuerzos y lograr resultados positivos.

En las empresas, los mapas estratégicos nos obligan a ver la empresa desde distintas perspectivas y a marcar para cada una de ellas una serie de iniciativas estratégicas que nos ayuden a conseguir los objetivos.

En la gestión de nuestra propia persona, también deberíamos fijar una serie de perspectivas que conformaran nuestro mapa único y personal.

Podemos, por lo tanto, crear unas perspectivas dentro de las cuales llevaremos a cabo las iniciativas de desarrollo que nos ayuden a mejorar de forma continua.

Las perspectivas básicas son las siguientes:

Perspectiva identidad: esta es la primera que debemos abordar. Cada persona debe plantearse qué es en realidad, cuál es su trayectoria hasta ese momento en el ámbito profesional y personal, su experiencia, qué lo hace diferente de los demás, cuál es su propuesta de valor y los atributos que lo definen. A partir de aquí, debe pensar en sus objetivos y ver el gap entre los objetivos vitales y su estado actual, y trabajar en aquellos atributos que le faltan o le sobran. Es la perspectiva inicial que todos deben completar puesto que es en la que nos definimos y fijamos hacia dónde queremos ir.

Perspectiva física: a veces lo físico se descuida y normalmente tienen en nuestro desempeño profesional y personal mucha más importancia de la que parece. Es fundamental analizar en qué situación nos encontramos y ver en qué medida podríamos mejorarla. El físico nos abre y nos cierra puertas en muchas ocasiones sin nosotros ni siquiera conocerlo. Es importante conocerse a uno mismo y ver sus limitaciones y posibilidades, y esto incluye lo físico.

Perspectiva emocional: es básico conocer nuestras competencias emocionales. Hay que analizarse y saber si poseemos autoconocimiento de nuestros comportamientos, si tenemos autocontrol y automotivación; también hay que comprobar nuestras habilidades sociales y nuestra empatía. Muchos desarrollos profesionales se ven limitados precisamente por falta de preparación en este ámbito.

Perspectiva técnica-formacional: todos tenemos que aprender. Aprender se ha convertido en el nuevo paradigma. Nunca hay que dejar de aprender. Los nuevos retos nos van a situar ante nuevas situaciones en las que nos faltará experiencia y formación. Debemos mirarnos desde el plano personal y profesional y comprobar qué materias nos hacen falta para llegar a nuestros objetivos que no dominamos. Por ejemplo, un directivo puede ser un extraordinario especialista en financiero, pero carecer de conocimientos en comunicación, lo que limita sus posibilidades de éxito profesional. Por tanto, hay que saber dónde se desea estar en un futuro y comprobar desde el ámbito formacional en qué debemos mejorar.

Perspectiva relacional-social: cada vez es más importante la interacción social para conseguir nuestros logros. Muchas personas poseen el don innato de la relación, pero la gran mayoría carecen del mismo y es necesario trabajar este aspecto. Las nuevas tecnologías complican aún más este escenario con las redes sociales que hacen que cada vez existan más posibilidades de relación. En este entorno, la persona debe planificar muy bien cómo se va a relacionar, con quién y a través de qué plataforma. Por ejemplo, hay que comenzar a ver en qué asociaciones y colegios profesionales nos puede interesar estar, a qué eventos nos puede convenir asistir, qué redes sociales y grupos dentro de ellas debería potenciar; qué asociaciones de antiguos alumnos de escuelas de negocio debo frecuentar, etc. Cada vez más es en estos entornos donde pueden surgir oportunidades profesionales, donde podemos aprender nuevos conocimientos, etc.

Sin esta perspectiva, nuestro perfil no estará completo porque el ser humano es un animal social y necesita relacionarse. De nada sirve tener una extraordinaria formación, una experiencia profesional vasta y luego no comunicarlo ni hacerlo ver a través de las relaciones sociales.

Perspectiva marca personal: por último, si hemos trabajado bien las anteriores perspectivas, deberíamos poseer ya una identidad clara de nosotros mismos, lo que somos y lo que queremos ser, y haber definido claramente los atributos que ahora nos identifican y los que nos gustaría que nos identificaran a futuro. Ahora es fundamental priorizar aquellos que son más importantes en cada ámbito en el que nos movemos y potenciarlos, de tal manera que cada uno tengamos nuestra propia marca personal que nos haga reconocibles y diferentes.

El Balance Scorecard personal

Una vez que ya hemos definido nuestras perspectivas, toca aplicar la técnica del Balance Scorecard, que no es más que fijar para cada una de las perspectivas una serie de objetivos a lograr, unas metas a cumplir en estos objetivos, un indicador que mida el grado de cumplimiento, una iniciativa a desarrollar para su logro y un tiempo de realización.

Por ejemplo, si deseo desarrollarme como consultor pero me faltan contactos profesionales, puedo marcarme como objetivo mejorar mi presencia en el entorno profesional, fijar como iniciativa tener presencia en algún colegio profesional y marcar una fecha para haber cumplido ese objetivo, así como el grado de cumplimiento que deseo (en este caso, no solo estar en este colegio profesional, sino obtener un número de contactos anuales).

Lo normal es que si hemos trabajado bien el Balance Scorecard y los mapas estratégicos, podamos dibujar un mapa en el que las diferentes iniciativas de mejora para las distintas perspectivas estén relacionadas entre sí y clarifiquen cuál debe ser nuestra estrategia en la gestión de nuestra persona.

Si elaboramos estos procedimientos para algo externo a nosotros como es la empresa, ¿por qué no emplearlo para mejorar nuestras competencias y desempeño personal?

Los grandes líderes desarrollan este proceso de forma innata, porque conocen bien sus aptitudes y sus limitaciones en estos ámbitos; pero estas técnicas abren el camino a que todos reflexionemos sobre dónde estamos y dónde queremos estar en un futuro. Y lo más importante, es que en esta ocasión solo depende de nosotros mismos.

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